Dashboard
Viene con todoLa pantalla de inicio: lo pendiente, tu dinero, tu día y tu negocio.
Es la primera pantalla que ve el dueño cada mañana y, para muchos, la única que abre si el día viene bien. Su trabajo no es enseñarlo todo, sino enseñar lo que exige una decisión. El punto 6 es el corazón de la ficha.
A — Qué es
1. En una frase
El Dashboard reúne en una sola pantalla lo que el negocio tiene pendiente hoy, cómo va el dinero, qué pasa durante el día y en qué estado está el negocio, tomándolo de los módulos que estén contratados.
2. Para quién
Para el dueño, principalmente. Es la pantalla de quien no va a entrar módulo por módulo: quiere abrir el portal, mirar treinta segundos y saber si hay algo que atender. También sirve al encargado, que ve la misma pantalla recortada a lo que su acceso le permite.
3. El problema que resuelve
Un sistema de gestión completo tiene el defecto de que la información está bien guardada y mal disponible: para saber si hay un cobro vencido hay que entrar en cobros, para saber si falta mercancía hay que entrar en inventario, y para saber si la caja quedó abierta hay que acordarse de mirar. El resultado es que el dueño se entera de los problemas tarde, no porque el dato no estuviera, sino porque nadie fue a buscarlo. El Dashboard invierte esa relación: lo accionable sale a la superficie sin que nadie lo pida, agrupado por urgencia y no por módulo, de modo que la primera pantalla del día ya contiene la lista de lo que hay que decidir.
B — Cómo funciona
4. Qué hace
La pantalla está organizada en cuatro zonas, ordenadas de lo urgente a lo general.
- 1PendienteLo accionable de todos los módulos junto: una línea por cosa que hay que atender hoy.
- 2Tu dineroCómo va el negocio, qué hay que cobrar y pagar, y con qué tasas se están convirtiendo esas cifras.
- 3Tu díaLo que pasa hoy: reservas, citas y lo que lleva cobrado el mostrador.
- 4Tu negocioLo que se mueve despacio: existencias, personal, acuerdos, catálogo y dossier.
Pendiente. Una franja arriba con lo accionable de todos los módulos junto: un cobro vencido, una caja sin cerrar, una reserva sin confirmar. No es un resumen: es una lista de tareas pendientes. Tu dinero. Cómo va el negocio en el mes, qué hay que cobrar y qué hay que pagar, y con qué tasas de cambio se están convirtiendo esas cifras —con el botón de actualizarlas ahí mismo—. Tu día. Lo que ocurre hoy: reservas, citas y lo que lleva cobrado el mostrador. Tu negocio. Lo que se mueve despacio y conviene vigilar: existencias, personal, acuerdos recurrentes, catálogo y dossier. Encabezado con contexto. El nombre del negocio, la fecha larga, las empresas —cada una con su color— y, a la derecha, tres etiquetas: el nivel contratado, el estado de la suscripción y —solo si lo es— Socio CLAUX. Y qué falta por hacer. Si el negocio aún no ha creado su empresa o configurado una moneda, la pantalla lo pide antes que ninguna otra cosa, porque sin eso no se puede operar.
Qué llega a «Pendiente». La franja no es una selección editorial: cada módulo aporta sus líneas y todas se escriben igual —el número, qué ocurre y adónde ir a resolverlo—. Hoy se vigilan once situaciones: dinero vencido por cobrar y por pagar, productos bajo mínimo, puntos de venta sin sincronizar, salidas de efectivo del mostrador sin clasificar, dossiers publicados con números viejos, nóminas sin confirmar, contratos que terminan dentro de treinta días, artículos de la carta sin foto o sin precio, suscripciones que renuevan dentro de treinta días y documentos legales sin firmar. Cada línea lleva uno de dos tonos: alerta cuando ya duele —está vencido, ya falta mercancía, la caja ya está descuadrada— y aviso cuando conviene mirarlo antes de que duela. Las alertas se colocan primero; dentro de la franja el orden no depende del módulo del que vengan.
Dos decisiones dan forma a esa lista. La primera: una línea por asunto, no una por moneda. Un negocio que opera en tres monedas produciría seis avisos diciendo dos veces lo mismo, así que los importes vencidos se agrupan en una sola frase. La segunda: la línea lleva a donde se resuelve, no a la portada del módulo — «3 productos bajo mínimo» abre la lista de productos ya filtrada por los que faltan, no el inventario entero.
Lo que el negocio aún no tiene. Al pie, la pantalla ofrece los módulos no contratados, cada uno con una frase de para qué sirve: el nombre por sí solo no explica qué problema resuelve. El orden lo decide el catálogo comercial, no esta pantalla, y los complementos que amplían otro módulo no se ofrecen mientras falte el módulo que amplían. Si el dueño ya pidió activar algo, la oferta lo recuerda con la fecha en que lo pidió en lugar de insistir como si fuera la primera vez.
Entre esas ofertas hay una que no es un módulo: subir de nivel. Sale cuando al negocio se le está llenando algo —empresas, productos, plantilla, cualquiera de los topes— y no antes: ofrecer más sitio a quien le sobra es ruido. La señal no la calcula esta pantalla, la trae ya escrita el aviso que dejó el escáner al pasar del 90 %, porque el dashboard es lo primero que se abre cada mañana y no puede ponerse a contar productos y empleados en cada carga. Para quien vende, es el único aviso de la pantalla que no se resuelve contratando: se resuelve hablando.
5. Principios de funcionamiento
- Solo se enseña lo que existe. Cada tarjeta pertenece a un módulo: si el módulo no está contratado, la tarjeta no aparece —ni vacía, ni en gris, ni «para contratar»—. Un negocio con dos módulos ve dos tarjetas y la pantalla sigue teniendo sentido.
- Lo urgente va junto, no repartido. «Pendiente» cruza módulos a propósito: quien mira esa franja no está pensando en qué módulo vive cada cosa, está decidiendo qué hacer primero.
- Un módulo nuevo añade una línea, no otra tarjeta. Es la regla que mantiene la pantalla acotada: si cada funcionalidad reclamara su propio recuadro, el dashboard crecería hasta dejar de responder la única pregunta que se le hace por la mañana.
- Las cifras son de lectura; se actúa donde toca. Cada tarjeta lleva al sitio donde se resuelve lo que enseña. La excepción deliberada es la actualización de tasas, que se hace desde aquí.
- Lo que ya se decidió no es un pendiente. Un artículo marcado como agotado no genera aviso —es una decisión del dueño, no un descuido—; uno sin precio, sí. La franja recoge olvidos, no decisiones.
- Cada cosa se le pide a quien puede hacerla. Los pasos de configuración inicial y la firma de documentos solo se le muestran al administrador de la empresa, que es quien puede resolverlos. Avisar al resto sería ruido sin salida.
- Habla el idioma del negocio. Las líneas usan el vocabulario del sector: la misma situación se lee «En tu menú: 3 sin foto» en un restaurante y «En tu catálogo» en una tienda.
- El color de los iconos informa. Dentro de cada zona no se repite: el mismo color en dos tarjetas vecinas dejaría de distinguirlas de un vistazo.
6. Cómo se conecta
Detalle
El Dashboard es el único sitio del portal que lee de todos los módulos a la vez. No produce información propia: la presenta.
Le entra de
Va y viene con
Existe desde el primer día, con o sin módulos. Mientras no haya ningún panel que enseñar, la pantalla cumple otra función: guía los primeros pasos, ofrece accesos rápidos y señala qué más puede activar el negocio.
Funciona desde el primer día, sin contratar nada
Y cada módulo aporta su tarjeta a la zona que le toca
7. Cómo se usa (primeros pasos)
- Es la pantalla de entrada: se llega a ella al iniciar sesión, y desde Inicio en el menú lateral.
- Al principio pedirá lo imprescindible: crear la empresa y configurar una moneda.
- A medida que se activan módulos, sus tarjetas van apareciendo solas en la zona que les corresponde.
- La rutina recomendada al dueño es simple: mirar Pendiente cada mañana y, desde ahí, entrar solo a lo que haya que resolver.